domingo, 7 de diciembre de 2014

Los granos.



La luna de esa noche de diciembre se veía especialmente grande, de un amarillo bello, ese que tienen algunas fotos antiguas, las que siempre son vistas con visitas, y en especial cuando una nueva amiga o polola llega a la casa. No duró gran tiempo con ese tamaño y color, ya que apenas estuvo un poco más arriba en el cielo, volvió a ser tan normal como siempre, o tan hermosa como siempre, sólo que amamos más esas variaciones de las cosas, cuando la belleza está en todo momento ante nuestro ojos en eso que llamamos “normal”.

Esa noche iba viajando hacia Villarrica con mis padres, después de pasar un día en celebración con la familia en Loncoche. Algo extraño fui notando en mí, unos granos deformes comenzaron a aparecer en mis manos, como si una transformación inminente estuviera por suceder. Algo de sudor frío brotó por mis manos, en una mezcla de miedo y ansiedad ante lo desconocido. Al llegar a la casa sólo atiné a subir hacia mi cuarto y me encerré sin dar explicaciones. Bueno, en realidad mentí, dije que tenía taquicardia y necesitaba descansar, algo que con frecuencia me ocurría sin motivo aparente, sólo que esta vez eran los granos de mis manos los que me motivaban a encerrarme en mi cuarto.

Me costó quedarme dormido, más que de costumbre, porque sentía que esos granos del demonio tenían vida propia, y querían escapar de mí. Al principio sólo eran granos como los de una alergia, luego fueron creciendo y en un momento comenzaron a latir cada uno a su ritmo. La mano izquierda tenía 11 de esos granos, y la derecha 14, cada uno con un ritmo distinto, de un color rojo vivo los de la izquierda, y más morados los de la derecha. Ahí ya me asusté, y con el pánico que me dio comenzaron taquicardias reales, pero no quería molestar a mis viejos, y despertarlos por tan absurdos síntomas. Lo que siguió luego fue raro, no sé de qué otra forma expresarlo, fue raro. Un loco sueño me comenzó, por lo que pensé que ese era mi fin y amanecería muerto. Bueno, yo no amanecería, pero los que amanecerían en mi casa me encontrarían muerto. Intenté resistir a ese loco sueño maldito, intentando mantener los ojos abiertos, pero nada, después de unos minutos, y sintiendo el latir de los 25 granos de mis manos me dormí.

Al dormir me di cuenta que no había muerto, y aunque el dormir es como una especie de muerte, me sentí vivo en los sueños que tuve, ya que tuve pesadillas con mis granos. Soñé que cada grano se convertía en un perro, y peleaban entre ellos hasta que sólo uno sobrevivía y me comía. También soñé que cada grano se convertía en un político honrado (bueno, eso sólo pasa en los sueños), y que condenaban a una vida con el sueldo mínimo a todos los políticos corruptos. Luego tuve otra pesadilla, pero olvidé sus detalles, sólo recuerdo que los granos controlaban mis manos, y tomaban un cuchillo con el que cruelmente me degollaban. Con eso desperté como a las 5 de la mañana, agitado y todo sudado. Me veo las manos y los granos siguen ahí, latiendo, sólo que un poco más grandes. La somnolencia continua y me duermo como noqueado.


Despierto cerca de las 11, ya casi medio día, mis padres ya no estaban porque tenían un compromiso por un campo. Miro mis manos y no creerán lo que veo en ellas, habían brotado 11 frutillas en mi mano izquierda y 14 arándanos en la derecha. Le tomo unas fotos a mis manos para el facebook, cosecho mis frutas y me las como en el desayuno con yogurt, mientras me río de tan ridícula experiencia vivida. 

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